NUESTRA MISIÓN:
EVANGELIZAR A TRAVÉS DE LA EDUCACIÓN.
Fiel al carisma del Fundador, El Colegio Marista “Hace del anuncio directo de la Palabra un elemento esencial de su Misión” (Capítulo 85 de las Constituciones Maristas)
Misión apostólica: “Como hombres consagrados somos enviados a los demás, especialmente a los jóvenes, para revelarles a Jesucristo”. (Capítulo 17 Constituciones Maristas
Nuestra misión de educadores de la juventud nos compromete a trabajar por la promoción de la justicia. (Capítulo 34 de las Constituciones Maristas)
Un Colegio Marista es un espacio de evangelización. Por esto, dentro del marco de libertad que implica toda opción de fe, queremos propiciar en los niños y jóvenes una vivencia auténtica del cristianismo, mediante un ambiente escolar macado por los valores evangélicos, una explicitación sistemática de la fe y el acompañamiento en su compromiso de vida. En este tercer nivel, damos particular importancia a la catequesis sacramental, a los movimientos juveniles, a los grupos de oración y a la pastoral vocacional.
NUESTRA VISIÓN:
INSPIRADA EN EL EVANGELIO DE JESUCRISTO
Consideramos el mundo como lugar en que los hombres y mujeres dialogan entre sí y se hermanan en un esfuerzo común para construir una sociedad justa, consciente y solidaria.
Creemos en el ser humano como valor supremo de la Creación y en su capacidad para descubrir el bien y la verdad; que se asume como proyecto de una permanente conquista de sí mismo, como sujeto y autor de su propia historia.
El Educador Marista ve al ser humano como una persona libre y original; investida de dignidad, responsabilidad y esperanzas; y en relación con la naturaleza, con los demás hombres y con Dios.
Como Maristas, reconocemos y valoramos la visión que nuestro fundador Marcelino Champagnat, tenía de encontrar, en Jesús, el proyecto de Dios sobre el ser humano.
Vemos en todo niño y joven un hijo de Dios y un hermano universal.
NUESTRO CARISMA:
“DAR A CONOCER A JESUCRISTO Y HACERLO AMAR”
“TODO A JESÚS POR MARÍA, TODO A MARÍA PARA JESÚS”.

Movido por el Espíritu Santo, Marcelino Champagnat quedó cautivado por el amor de Jesús y María a él y a los demás. Esta experiencia, unida a su apertura a los acontecimientos y personas, se convierte en fuente de su espiritualidad y celo apostólico, y lo hace sensible a las necesidades de su tiempo, sobre todo a la ignorancia religiosa y a las situaciones de pobreza de la niñez y juventud.
La fe y el deseo de cumplir la voluntad de Dios le revelan su misión: "Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar”. Decía con frecuencia: "No puedo ver a un niño sin que me asalte el deseo de enseñarle el catecismo y decirle cuánto lo ama Jesucristo”